Un minuto de Paz en el mundo


Diario Tiempos del Mundo

TTras varios años de trabajo, un periodista argentino logró de cada uno de los primeros mandatarios de las naciones del mundo un mensaje en pro de la paz, y los reunió en una obra faraónica que --según su artífice-- se convertirá en un documento clave de nuestra época.

por Marcelo Rodríguez

La consigna de trabajo del periodista argentino Carlos Peralta cuando dio los primeros pasos de este proyecto personal era de lo más sencilla: obtener un mensaje de cada líder mundial --concretamente, "un minuto de paz al mundo"-- y reunir todos estos mensajes en un gran libro (grande en concepto y grande en tamaño). Cada país debía quedar representado por su propio presidente, o su primer ministro, o su monarca en el caso de que lo tuviera. La tarea que le aguardaba para cumplir tal cometido --lo sabía-- fue considerada por muchos casi como una misión imposible. Pero al parecer lo mismo le habían dicho antes de que varios años atrás reuniera a líderes islámicos, cristianos y judíos con un fin similar, y por eso Peralta no se amedrentó por el tamaño de su empresa. Ahora que ya ha logrado publicar esta obra --la primera edición limitada de 2 mil ejemplares, lanzada por una editorial suiza, salió en septiembre pasado-- cuenta a Tiempos del Mundo su experiencia y explica la utilidad que atribuye a estos Mensajes de paz para el nuevo milenio, tal como se los denomina desde el propio título del libro.

"El objetivo --detalla el autor-- fue que se empiece a hablar un poco de paz, que es importante. Para la guerra, en 48 horas se ponen de acuerdo, pero la paz puede llevar años sin que nos pongamos de acuerdo."

En principio las dificultades se plantearon en forma de cierta previsible desconfianza por parte de los contactos diplomáticos en cuanto a movilizar engranajes que condujeran a las autoridades máximas de su país sólo por un proyecto independiente de estas características. La primera maqueta contaba con unos 30 mensajes, y al ver allí que el libro tendría los compromisos con la paz de presidentes como el estadounidense George W. Bush --cuya esquela, tal vez vale aclarar, llegó en agosto de 2001, un mes antes de los atentados a las Torres Gemelas y la consecuente "Justicia infinita"--, el ruso Vladimir Putin o el jefe de gobierno español José María Aznar, varios diplomáticos en principio algo escépticos terminaron comprendiendo la idea. Algunos francos "no" iniciales terminaron siendo así revertidos, y tan sólo una semana después llegaban los mensajes rubricados por los propios jefes de Estado.

Peralta expuso su idea en 1991 cuando concurrió a la cumbre entre árabes e israelíes que se celebró en España en ese año, aunque en realidad el proyecto tomó su fuerza definitiva en 1998 porque, según justifica, "durante la Guerra del Golfo se hacía muy difícil hablar de paz". Pero han sucedido también otras cosas curiosas en su transcurso, por ejemplo que tratándose éste de un trabajo que demandó años, los mensajes de Israel y del Líbano, dos naciones con una larga historia de conflicto, hayan llegado a la oficina con tan sólo 4 horas de diferencia entre uno y el otro: "Es como si se hubieran puesto de acuerdo", observó Peralta.

"Todo esto no se logró sólo en Buenos Aires, sino también con las misiones ante la ONU, caminando muchísimo --relata--. Con las cancillerías cuando las embajadas no nos entendían. También hay que entender que hay países cuyos embajadores no tienen la llegada suficiente para un trabajo de este tipo, como sí puede tenerla un embajador ante la ONU... Pero hay que llegar a las cancillerías, y de allí a los gobiernos. A veces llegábamos a los secretarios privados o al jefe de Gabinete... es un trabajo interminable. Y recorrer, llegar a esos países..." Esto fue posible a partir de que aparece una editorial suiza para financiar parte del proyecto. "Ya habían encarado proyectos inmensos, como Los 700 años de la economía suiza, y entonces, cuando vieron algo así, faraónico..." El dueño de la editorial, además, resultó estar casado con una argentina. En resumen, trato hecho.

--¿Han visitado así todos los países del mundo?

--No, sólo 85. En total hay 191 países miembros de la ONU actualmente. Los últimos en incorporarse fueron Suiza, que no era miembro sino observador, y Timor Oriental. Cuando comenzamos eran 181, pero tuvimos que ir agregando más a nuestra lista.

Además de esos 191 países, aclara Peralta, participaron con sus mensajes la Santa Sede y la Autoridad Nacional Palestina: "No dejamos a nadie afuera", explica, aunque se lamenta de que en casos como Libia o Irak las delegaciones diplomáticas hayan enviado extractos de mensajes de sus presidentes, asumiendo la dificultad para que el pedido llegara a tales líderes.

"Radiopasillos" palaciegos

A lo largo de los años de trabajo obtuvo un interesante repertorio de anécdotas que ahora cuenta, tales como algunas primicias. En noviembre de 1999 lo recibió Boris Yeltsin en el Kremlin: "Por respeto no puedo firmar esa maqueta --cuenta que le dijo el entonces presidente ruso--; voy a viajar a China para un encuentro con Jiang Zemin, y cuando regrese creo que ya no estaré en el gobierno". "Recibimos esa primicia, no como periodistas, porque no habíamos ido como tales, sino como embajadores de paz", aclaró Peralta.

Los mensajes de los líderes de la India y Pakistán fueron publicados el mismo día, en pleno conflicto entre ambos países, en sendos diarios de Delhi (India) y de Karachi (Pakistán) antes que en el libro: los textos fueron cedidos por Peralta "para favorecer a la paz".

Frente a algunas embajadas donde molestó el hecho de que se hubiera intentado acceder a las autoridades del país mediante vías alternativas (a veces un periodista local, por ejemplo, puede proveer una llegada más rápida a ciertos personajes que una delegación diplomática en el extranjero), estos periodistas convertidos en una suerte de embajadores también han debido deshacerse en excusas, alegando el apuro que imponían los tiempos editoriales y la sensación, agobiante por momentos, de que todo ese enorme trabajo no terminaría nunca.

En otros casos las autoridades no interpretaron qué era lo que se les pedía cuando se decía "Un minuto de paz al mundo", y hubo que enviarles como modelo cartas recibidas de otros líderes.

De qué hablamos cuando hablamos de paz

¿Y cuál es el significado de esa palabra que en nuestro idioma tiene sólo tres letras? Peralta se encontró con que para cada uno de los líderes mundiales esa paz implicaba un anhelo diferente: "Para algunos, su paz es combatir enfermedades; para otros, alimentos. Los grandes países hablan de una manera mucho más global, de acuerdo con la posición en la que están".

En el libro se incluyeron mensajes de mandatarios que ya no están en ejercicio y de algunos electos (como Lula Da Silva), sólo que se incluyeron al final y fuera de las dos páginas que se le dedican por orden alfabético a cada país. Y también se han recibido mensajes de personajes como el serbio Slobodan Milosevic, acusado de crímenes de lesa humanidad. Aunque al compilador desde ya no le parecía coherente incluirlo en el trabajo, el caso es que el sobre llegó a la oficina vacío, con una leyenda que indicaba que "el mensaje de un criminal de guerra" había sido secuestrado "por servicios de inteligencia". Peralta asegura no haber sabido nada más de aquel episodio.

"El presidente que habla aquí, de alguna manera se está comprometiendo ante el mundo", señala convencido.

--¿Piensa que fueron coherentes las palabras de los jefes de Estado en pro de la paz con las políticas que aplican?

--Yo creo que todos los países hablan sobre sus necesidades, y otros hablan con la misma posición y desde el manejo que tienen para poder hacerlo, pero después de esto hay luchas tan puntuales, en temas internos o externos, que se pueden olvidar de temas tan importantes como la paz. Un mundo en paz produciría mucho más de lo que produce hoy, y aparecerían negocios mucho más importantes que cualquier conflicto.

"Si tomamos el toro por las astas, puede ser que logremos aunque sea un objetivo pequeño", insistía Peralta ante incrédulos colegas cuando comenzó a trabajar en Mensajes de paz para el nuevo milenio; hoy, con la enorme y lujosa edición en sus manos, manifiesta la satisfacción de un deber cumplido.

Fuente: Diario Tiempos del Mundo

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